Historia de Galapagar

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Galapagar debe su nombre a que los primeros asentamientos de que se tiene constancia estaban localizados alrededor de una pequeña laguna en la que existía una colonia de galápagos; éste es el motivo por el cual en el escudo del municipio aparecen representados estos animales. 

Haciendo un breve repaso de la historia del municipio, nos encontramos que ya la importancia del Imperio Romano queda plasmada en una calzada y en un miliario o mojón indicativo de las distancias en los caminos, aunque también se cree que “el puente viejo de La Navata”, el que está entre El Molino y Riomonte, se construyó en esta época.

Parece ser que Alfonso X el Sabio (12211284. Fue rey de Castilla entre1252y1284) mandó repoblar la zona con pastores segovianos, pasando a ser administrado por el Concejo de Segovia. Más tarde, durante el reinado de Alfonso XI (13111350), se describe la dehesa de Galapagar, como un buen monte de invierno perteneciente al Real de Manzanares, frecuentado en las cacerías reales.

En el siglo XVI, Galapagar pierde su condición de anejo a la villa de Manzanares al conseguir su propio villazgo, por concesión de Doña Juana I (conocida comoJuana la Loca, 1479-1555) y del rey Carlos I (1500-1558), el 24 de Diciembre de 1523.

Será unos años después, cuando Felipe II (1556-1598) decida la construcción del Monasterio de El Escorial, cuando Galapagar se convierta en lugar de parada, casi obligatoria, de la corte. De hecho, el mismo monarca mandó construir una casa de descanso, llamada “La Casa Veleta”, para pernoctar cuando se dirigía hacia allí. Este edificio se levantó en un lugar conocido como Herrén del Cura o la Cuesta de la Maja.

En una de las estancias de la casa nació en 1573 uno de los hijos que este monarca tuvo con su última esposa Ana de Austria, el infante Don Carlos Lorenzo. La reina estaba realizando un viaje desde El Escorial a Madrid, un 12 de agosto, cuando de forma repentina se puso de parto.

El segundo nombre del infante (Lorenzo) se le impuso por la devoción de su padre a dicho santo en cuyo honor estaba construyendo su nuevo palacio-monasterio.

Posada de Reyes Casa Veleta

Recordemos además que Felipe II había instalado la capital del reino en Madrid y que residiendo allí era normal que los nobles de época, decidieran seguirle los pasos, construyéndose palacios y villas cercanos al Rey, como levantar numerosas viviendas, muchas de ellas en Galapagar.

Para Felipe II el sitio en donde se levantaba la Casa Veleta era tan idílico, que en lugar de marchar con el alba, prolongaba su estancia por varios días antes de reemprender su viaje a El Escorial. A partir de ese momento surgirán nuevas parroquias en Torrelodones, Colmenarejo, Villanueva del Pardillo y Navalquejigo, lo que se lleva a cabo hasta finales del siglo XVI y principios del XVII.

Galapagar estuvo relacionado con otra reina de España, Victoria Eugenia de Battemberg (1887-1969), que en 1931 se despidió allí de su corte para partir hacia el exilio tras la proclamación de la II República.

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, la Sierra de Guadarrama se convirtió en punto de mira para burgueses acomodados, nobles de nuevo cuño, intelectuales, militares y políticos de renombres, quienes en busca de un lugar para el descanso y en contacto con la naturaleza instalaron su residencia en los municipios de la zona. Entre ellos Galapagar, lugar elegido por escritores como Ricardo León (1877-1943) o Jacinto Benavente (1866-1954).

La Guerra Civil (1936-1939) dejará su impacto en Galapagar al utilizarse la Casa Veleta como refugio antiaéreo.

A partir de la década de los cincuenta del siglo pasado, el municipio sufre una masiva emigración del campo a las ciudades. Otro fenómeno paralelo será la aparición de urbanizaciones de segunda vivienda.

En los últimos treinta años Galapagar ha crecido debido a la demanda de primera residencia por parte de una población que huye de la gran ciudad.

 

 

Libro de Historia de la Villa de Galapagar